Comunicado. 14 de abril de 2010
Queremos en este comunicado, en primer lugar, dar las gracias a todas cuantas personas y colectivos han venido mostrado su apoyo a las iniciativas y trabajos que modestamente esta Plataforma viene realizando desde la primavera del 2009, y en segundo lugar sumarnos a este acto de conmemoración de la II República española.
Para quienes no nos conozcan, nacimos de un grito popular alcalaíno posicionado frente al atropello que supone entregar el dinero público, lo que es de todo el mundo, a manos privadas de confesión ultracatólica. Recordemos que la Comunidad de Madrid cedió una parcela de terreno público en el Ensanche de Alcalá al grupo monopolístico del Opus Dei, a un precio irrisorio, para la construcción de un centro privado sostenido con fondos públicos, el Alborada, cuyo proyecto pedagógico lo sustentan en la peor de las segregaciones posibles: la de género.
Hicimos un llamamiento a aquellos partidos políticos que se autodenominan laicos, para que a través de la modificación de las leyes conviertan en una realidad aquellos principios en los que dicen sustentarse. Y llamamos a la ciudadanía en general, para que se sumara a nuestro manifiesto.
Lo dijimos alto y claro. Lo repetimos hoy aquí: “Entendemos que el adoctrinamiento religioso bajo el que se rige el Opus Dei, no sólo se limita a la segregación de sexos, sino que genera desigualdades sociales encaminadas a generar élites, pretendiendo con este tipo de educación un ataque a los derechos sociales, políticos y económicos por los que históricamente hemos luchado y conseguido. Pensamos que una pluralidad educativa no consiste en separar dentro de las aulas por razones de sexo, origen, creencias religiosas, clase social o etnia. Esto significa un paso atrás en la lucha por las libertades, retroceder en políticas de igualdad y un ataque hacia la educación pública en nuestro país”.
Pero sería una ingenuidad y una ingratitud imperdonable por nuestra parte pensar que nuestro movimiento haya surgido de la nada. Nuestras ideas son un pequeño reflejo de aquellas que hicieron de nuestro país el asombro de Europa en 1931. Recordemos que nuestra segunda República fue la República de los maestros.
Los legisladores republicanos de entonces tenían una idea diáfana y común: sin una ciudadanía educada en los valores de la República no podía haber cambio ni transformación social en un país cuyas cifras de analfabetismo eran de escándalo mundial. Incultura fomentada por una monarquía corrupta, retrógrada, empeñada en conservar los sempiternos privilegios de unas castas oligárquicas que tenían a nuestro país sumido en la más execrable miseria. Sabían perfectamente, como hoy sabemos, que los discursos de púlpito y sotana dominaban las escuelas y que el magisterio español era un oficio despreciado y despreciable, tanto por su pésima formación como por sus salarios de hambre.
Si el 14 de abril de 1931 el pueblo español proclamó la “República de trabajadores de todas las clases”, en dos meses estuvieron listos los decretos que ponían en marcha una reforma profunda de la educación y sus estructuras. La creación de escuelas, la equiparación de los estudios de maestro con los estudios universitarios, la revolución pedagógica… todo encaminado hacia el fin de elevar el nivel cultural de los desfavorecidos, tanto en las ciudades como en los campos. Eran conscientes que las transformaciones sociales ven sus frutos a largo plazo. Y no lo dudaron. No quisieron el laurel o la prebenda del momento. Apostaron por el futuro de España. Prohibieron a las congregaciones religiosas impartir la educación. Crearon un cuerpo único de maestros. Construyeron todas cuantas escuelas pudieron. Formaron unas generaciones de maestras y maestros en los valores de justicia, igualdad, democracia, amor y deseo por extender el conocimiento. Era la primera vez en nuestra historia que se dio un esfuerzo tan fiel y decidido por proporcionar una educación que dignificara, como dignificó de hecho, a todas y todos los españoles. Fue una verdadera educación pública y laica que dio sus frutos en muy escaso tiempo. El triunfo del Frente Popular en 1936 lo demostró con creces.
Hoy, gracias al trabajo de muchos investigadores y del movimiento social por la Memoria Histórica sabemos cada vez más qué es lo que pasó tras el golpe de estado colonial-fascista de 1936. Sabemos que allí donde la reacción se hizo fuerte, los primeros asesinados fueron los maestros: 40 en León, 30 en Burgos, 30 en Zaragoza en los meses de verano. Y así sucesivamente, cientos, miles de maestros fueron directamente asesinados. Al mismo tiempo se puso en marcha un proceso de depuración ideológica universal sin precedentes. Todos los maestros, absolutamente todos, pasaron por un expediente de depuración con carácter retroactivo hacia el año 1934, 1916 o 1917… El magisterio español era culpable de sedición simplemente por ser maestros de la II República. Y no podían dar clase sin un informe favorable en su expediente, todos eran culpables mientras no demostraran lo contrario.
Las terroríficas consecuencias que esto trajo para nuestro país aun hoy las sufrimos. La educación bajo el franquismo borró hasta los vestigios del remozamiento hecho en el periodo monárquico, pues se impuso la ley Moyano de fines del siglo XIX. Recordemos que en el Estado español no se hizo obligatoria la educación hasta 1970, con la Ley General de Educación diseñada por los tecnócratas del Opus Dei. La Transición vino a sancionar “la libertad de enseñanza”, pero en ningún caso que la educación fuera pública y laica.
Y con esto volvemos al día de hoy. A este día en donde es necesario tener presente aquel ímpetu republicano, pero no por nostalgia o por el necesario y merecido homenaje a tantas mujeres y hombres, maestros y maestras republicanas de entonces, sino porque el modelo pedagógico y didáctico que el franquismo implantó, modelo total y absolutamente antidemocrático, pervive aún en las estructuras educativas actuales, eso sí, adaptado a los nuevos tiempos del capitalismo salvaje e impidiendo que la educación sea, como fue en la II República, una poderosa herramienta de transformación social y de progreso.
La memoria del pasado tiene que servirnos para explicarnos el presente. Pero sobre todo para orientarnos hacia el futuro. Porque no hay lugares sin memoria, porque no puede haber ningún conocimiento oculto, ninguna cultura negada, ningún pueblo sin futuro, ninguna opresión consentida, ni ningún niño, niña, sin una escuela digna de llamarse tal… por todo esto y mucho más la Plataforma por la Educación Pública y Laica de Alcalá de Henares busca respuestas colectivas a esta pregunta, ¿educar para la vida o… amaestrar para el mercado?
¡Viva el 14 de abril! ¡Viva la República!